La grandeza del ballet

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La grandeza del ballet

Mensaje por IN VI el Sáb Mayo 15, 2010 4:16 pm

La lucha por el ascenso del conjunto azul

La grandeza del ballet

La historia reciente invita a la tragedia, pero el oviedismo sigue acudiendo al campo esperando el milagro

15:31 ZUAZUA www.lne.es

El ballet azul fue el nombre que se le dio al Millonarios de Bogotá en la década de los cincuenta por la concentración de grandes futbolistas y por el juego que desplegaban. Años después, el Emelec ecuatoriano y la Universidad Católica de Chile recibieron también ese nombre. Fueron precisamente estos últimos, los chilenos, los que tras varios años de sequía en materia de títulos inventaron una canción que seguramente resultará familiar a los oviedistas: «Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser grandes, grandes como fue el ballet». La canción que suena en el Carlos Tartiere es algo diferente. Hace referencia a un objetivo concreto -volver a Primera- y tiene un final alternativo que poca gente canta que es una declaración de intenciones: «nunca te abandonaré».

Hay equipos que por razones que se escapan a toda explicación convierten su historia en su personalidad. Es como si el pasado y el presente se unieran y formaran un tiempo indefinido que siempre acaba siendo lo mismo. En el caso del Real Oviedo, suele ser la mala suerte. La afición, que no es tonta, sabe lo que hay y termina también formando parte de ese bucle maldito que suele acabar con el Real Oviedo eliminado en el último momento, con una expulsión injusta o con fallos incomprensibles ante la portería vacía.

El oviedista va al estadio preparado para la tragedia. De hecho, ya antes de que se produzca el sorteo, pronostica que tocará el rival más lejano o complicado. Que levante la mano el que la semana pasada no dijo, medio en broma medio en serio, que el destino sería Ceuta. Los hay que van mucho más allá, y pronostican una derrota contra el filial del Barcelona, al que entrena Luis Enrique, o contra el Sant Andreu, con un gol de Lanzarote, el único jugador al que la grada del Carlos Tartiere le ha tirado de vuelta una camiseta que previamente había lanzado como regalo al público.

La historia más reciente obliga a ser pesimistas en lo que a la suerte se refiere. O no. Porque en el fondo el seguidor oviedista es realmente positivo. En los últimos años ha pasado por situaciones inverosímiles, ha visto a su equipo jugar en campos de barrio, ha pisado los barrizales y ha tenido que tragar con todo tipo de humillaciones. Y, sin embargo, sigue acudiendo al campo esperando el milagro, esperando algo que cambie la historia, esperando un gol en el último minuto que valga el ascenso.

A los oviedistas nos gustaría charlar un día, cara a cara, con el encargado de escribir los guiones de los partidos de fútbol. Suponemos que la balanza entre el debe y el haber anda un poco descompensada. No entendemos por qué nuestro equipo no puede ganar un día una eliminatoria por 5-0 (posiblemente si lo hiciera seguiríamos desconfiando del partido de vuelta), o por qué no hay manera de vivir un partido sin sustos o sin situaciones raras. Tal vez ahí esté la fusión del pasado con el presente. Casi nos sentimos obligados a tener que sufrir para disfrutar, y eso es algo que ha pasado a la idiosincrasia del oviedismo.

Tampoco es algo muy descabellado de imaginar. Desde aquel fatídico partido ante el Real Madrid, en el que fuimos incapaces de marcar un gol más a un equipo que ya era campeón, las cosas no nos han ido muy bien que digamos. Por si con una no fuera suficiente, bajamos dos categorías de una vez, sufrimos la muerte de Armando, perdimos con rivales ante los que, por orgullo y dignidad, no deberíamos haberlo hecho, se nos inundaron los campos de entrenamiento, los jabalíes hicieron el resto con lo que quedaba en pie, nos vimos en la ruina, cuando pensábamos que nada podía ser peor que el anterior consejo de administración, apareció Alberto González y demostró que todo puede empeorar (y de qué manera)… con esa hemeroteca es lógico que el oviedista se prepare cada domingo para lo peor.

Pero seguimos yendo cada domingo al campo. Seguimos haciendo kilómetros para ver a nuestro equipo allá donde juegue. No ha habido ni un solo campo del Grupo II de la Segunda División B en el que, jugando el Real Oviedo, no hubiera al menos una camiseta azul. Y, lo que es más importante, hemos logrado transmitir el sentimiento azul a mucha gente que no sabía de qué iba esto. Lo comentaban unos chicos madrileños, asiduos veraneantes de Asturias que, después de ver el partido ante el Alcalá, se fueron directos a comprar la camiseta del Oviedo.

No entendían cómo se lo habían pasado tan bien en un partido de Segunda B y, sobre todo, no se explicaban cómo la afición podía estar tan entregada a la causa. Venían de ver el miércoles anterior el Real Madrid-Lyon y decían que habían visto mucha más entrega y pasión en el Tartiere, en un partido de Liga, que en uno de Champions en el Bernabeu.

Para explicar esa locura no hay que ir muy atrás. Desde el mismo momento en el que el Real Oviedo saltó al campo para enfrentarse al Mosconia, el 31 de agosto de 2003, los oviedistas empezamos a valorar cosas que antes no hacíamos. Algo tan sencillo como la salida al campo del equipo se convirtió aquel día en algo mágico, emocionante, los jugadores comenzaron a dar las gracias a la afición después de cada partido, y la siempre exigente hinchada azul ganó un poco de paciencia a la hora de juzgar a un jugador o a un entrenador. A la vez que se producía esa fusión entre el pasado y el presente, al mismo tiempo que el sufrimiento se iba haciendo un hueco cada vez mayor entre la afición oviedista, ésta aprendía a valorar el día a día.

Ahora llega una nueva liguilla de ascenso. Todo un éxito para un equipo por mucho que se llame Real Oviedo. La primera parada de este viaje será Pontevedra y es de suponer que no será un partido fácil. A estas alturas de la vida, después de siete años pisando barrizales, ya deberíamos estar concienciados de que nadie regala nada. Hay un poso de pesimismo entre la afición azul que invita a pensar que tres rondas son demasiadas, que los otros equipos son mejores… pero en esto del fútbol no hay ninguna regla escrita. Ahí está la gracia. Dinamarca se plantó en la Eurocopa de 1992 como invitada de última hora debido a la expulsión de Yugoslavia, en plena guerra de los Balcanes, y se alzó con la copa.

Que la empresa es difícil, lo sabe todo el mundo. Que hubiera sido mejor jugar como primeros, también. Pero esto de las liguillas de ascenso tiene una cosa, y es que al final, por muy malos que sean todos los equipos, dos tienen que subir. ¿Por qué no vamos a ser nosotros? No parece muy probable que ninguno de los 16 equipos clasificado tenga un once del sueño, o carezca de fisuras. Igual que el Real Oviedo tiene sus puntos débiles y fuertes, los demás andarán igual. Con el nombre sólo no se gana, pero tampoco se pierde, y por una vez tenemos que conseguir que el ambiente del Tartiere no se coma a los nuestros, sino que los lleve en volandas.

Hubo un momento clave esta campaña: el gol de Rayco ante el Guadalajara. El canario cogió el balón casi en la frontal de nuestro área y encaró la portería rival sin ningún defensa de por medio. Durante los segundos que duró su carrera, el Tartiere fue el paradigma de la ilusión. Todo el estadio se levantó, todo el mundo dio aquellas zancadas con el delantero azul y a todos se nos hizo eterna aquella carrera. Cuando por fin anotó el gol, el Tartiere entendió que la suerte empezaba a cambiar y que había que disfrutar del momento.

Llegan ahora, esperemos, seis semanas de pasión, de nervios y de ambiente de fútbol. La ciudad volverá a respirar oviedismo y sólo se hablará de eso en las tertulias, mucha gente colocará sus banderas y bufandas en los balcones, otros tantos se harán miles de kilómetros para estar al lado de su equipo. Nadie sabe lo que va a pasar, y aunque siempre pensamos en lo peor, realmente esperamos lo mejor.

Cuando Diego Cervero marcó el año pasado el penalti ante el filial del Mallorca, el Carlos Tartiere soltó un grito de liberación. El sonido es estremecedor (se recomienda su visualización para motivarse de cara al mes y medio que tenemos por delante). Aquel grito, además de la alegría, transmitía una declaración de intenciones. Queremos volver a ser grandes, como lo fue aquel ballet azul, pero preferimos el final alternativo de la canción, el que termina diciendo «nunca te abandonaré», porque, después de tanto sufrimiento, hemos aprendido a disfrutar del camino y a entender que la grandeza de este club no está en los resultados o en la categoría en la que milita, sino en todo lo que significa para miles de personas. Volveremos.

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Re: La grandeza del ballet

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 16, 2010 9:00 am

PONTEVEDRA 2 - OVIEDO 1

El Oviedo deberá remontar un gol el próximo fin de semana en el Carlos Tartiere, después de perder ayer ante el Pontevedra en un partido que el equipo gallego pudo sentenciar en la primera mitad ante un flojo y desbordado equipo azul. Luego, en la segunda, los de Pichi Lucas reaccionaron y empataron el encuentro, pero concedieron el segundo tanto cuando mejor estaban jugando.

¡Las bailarinas van de culo! :45645645: :45645645:

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Re: La grandeza del ballet

Mensaje por IN VI el Dom Mayo 16, 2010 10:09 am

Todavía queda un partido........

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Re: La grandeza del ballet

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 16, 2010 10:15 am

Y por lo que veo de moral andais sobraos.
Otro añito mas en 2ª B necesitais para daros cuenta que lo del Oviedo no es futbol de elite(1ª o 2ª) sino de fiesta de prao

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